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                    <text>El nuevo federalismo en España y Europa: la
propuesta catalana para Europa
Conferència de Pasqual Maragall al Club Siglo XXI (8/2/01)

Buenas tardes a todos y muchas gracias por su asistencia. Muchas
gracias también por las amables palabras de presentación del
Secretario General del PSOE, José Luís Rodríguez Zapatero.
Ante todo quiero resaltar la hospitalidad acogedora del Club Siglo XXI
que constituye una referencia ineludible para todos aquellos que
creemos en la virtud del diálogo franco y abierto como fundamento
de una democracia viva.
Una visión de Cataluña y España
Por eso estoy esta tarde aquí con ustedes. Con la intención de
exponer las líneas fundamentales del proyecto que represento y que
va más allá de las fronteras de mi propio partido político. Se trata de
un proyecto catalán y catalanista que tiene una visión de España y la
vocación de participar activamente en la tarea de la construcción de
una España plural en el marco de la Unión Europea.
No quiere ser una propuesta fría, una mera receta para articular
mejor las relaciones entre las instituciones de nuestro Estado y las de
éste con las europeas. Quiere ser una propuesta cálida y emotiva,
impulsada por un sentimiento de empatía y dirigida sobre todo a
conseguir el objetivo de la convivencia plena de los diversos pueblos
de España.
No se trata de una visión nueva de Cataluña y España. En todo caso
es una visión renovada que es hija de una tradición que hunde sus
raíces en la Cataluña liberal y librecambista del siglo XIX y que tiene
referencias como el diálogo de Joan Maragall con los intelectuales del
98, el joven Cambó, la izquierda catalanista que eclosiona con la
Generalitat republicana y se compromete a fondo con la Segunda
República, el municipalismo, el catalanismo unitario representado por
la Asamblea de Cataluña y, finalmente, la Generalitat provisional con
el president Josep Tarradellas al frente.
Es una tradición que ha encontrado en muchos momentos su
tradición complementaria en Castilla: la Institución Libre de
Enseñanza sería su símbolo más depurado.
1

�Soy de los que creen que sobre la base del entendimiento de estas
dos tradiciones es posible una España plenamente reconciliada, una
España incluyente, no excluyente, que no sea recelosa de las
nacionalidades y regiones que la integran.
También creo (con José Luís Rodríguez Zapatero) que vamos a tardar
alrededor de dos años en definir con precisión lo que entendemos por
"nuevo federalismo”, es decir, el conjunto de condiciones políticas de
una España posible, que van desde el sistema de financiación pública
a tres niveles hasta la distribución de los recursos hídricos, o la red
de alta velocidad o, en fin, las inversiones en las áreas
metropolitanas.
La "España que pudo ser" y que ya empezó a perfilarse a partir de la
Constitución de 1978 será una realidad plena en un mañana no
inmediato, pero no lejano. Esta es una convicción que nace de mi
propia experiencia familiar.
Pero, más allá de los sentimientos, entiendo que se trata también de
una cuestión de intereses, de interés mutuo.
A Cataluña no le interesa permanecer ni un momento más
ensimismada en un continuo ejercicio narcisista. Necesita volcar
todas sus energías en atrapar las nuevas oportunidades que ofrece el
proceso de globalización, sin las que la afirmación de la identidad se
convertiría en una retórica vacía para un país inexistente.
Y a España no le interesa que uno de sus motores vaya al ralentí y
que entre tanto vaya cultivando agravios.
Quiero que vean en mí y en el proyecto del socialismo catalán la
representación de una Cataluña que quiere entenderse con España
con una propuesta de catalanismo federal, basado en los principios de
unión y libertad, y con un talante amable, pactista, razonable y
cordial que, a la vez que presenta sus aspiraciones, ofrece confianza
y corresponsabilidad.
Una propuesta catalana para España: el nuevo federalismo
Todo ello me lleva a proponer una determinada lectura de les
nuestras leyes y de nuestras instituciones comunes. Dejando claro de
entrada que lo importante es una determinada concepción de fondo y
que, por consiguiente, las leyes y las instituciones son instrumentos todo lo delicados que se quiera- para entendernos y para facilitar la
convivencia común.

2

�La lectura que les propongo puede identificarse con la denominación
de nuevo federalismo, aunque no es mi intención propiciar un debate
nominalista, ni mucho menos doctrinario... Pero, ¿acaso no es el
Estado de las Autonomías un Estado federal en su funcionamiento
real?
Lo que es bien cierto es que nos encontramos ante una realidad
institucional y política compleja que demanda audacia en la visión de
los problemas y pragmatismo en su solución.
Dicho esto, no tengo reparo en afirmar que mi propuesta -la
propuesta de los socialistas catalanes- es una propuesta federal para
España pensada desde la periferia de España y mirando a Europa.
Y es una propuesta que creo actual por un triple motivo:
Por la necesidad de superar la perplejidad de la izquierda española
después de la derrota electoral en las elecciones generales, que puso
en circulación, entre otras cosas la idea discutible de que el cuerpo
electoral achacaba a los socialistas la ausencia de un proyecto común
y entendible de España. [La propuesta de política autonómica y
municipal del PSOE a través del documento "La Estructura del
Estado" impulsado en 1998 por Joaquín Almunia, contiene un
proyecto claro y completo.]
Por la necesidad de producir una inflexión en la posición del PP que,
al fosilizar el texto constitucional del 78, nos puede abocar fácilmente
a una regresión de consecuencias imprevisibles. Se trata de una
actitud basada en la consideración de que deben corregirse los
"excesos" del pacto constitucional del 78 y volver a la "normalidad"
de una concepción unitaria de España que - a lo sumo- tolera o
conlleva las "particularidades". El Partido Popular ha capitalizado
electoralmente, según algunos, su idea simplista de España. Una idea
que puede ser reconfortante para muchos cuando la inseguridad se
instala en les conciencias. Pero es una idea basada - a mi juicio- en
una lectura parcial e incompleta de la Constitución y de la propia
Historia de España. La Constitución, todas las Constituciones en su
inicio, son una inmensa Disposición Transitoria, desde el pasado y
hacia el futuro. En nuestro caso desde la dictadura a la democracia.
Volveré sobre este punto...
Y, en tercer lugar, creo que nuestra propuesta federal es actual por la
desorientación de los nacionalismos periféricos plasmada en el
movimiento táctico de la "Declaración de Barcelona" y su inaceptable
preámbulo y en la profunda crisis que atraviesan, por motivos bien
distintos y conocidos, Convergència i Unió y el Partido Nacionalista
Vasco.
3

�Pienso que no es conveniente estar hablando todo el día del
terrorismo y del conflicto vasco, ni mucho menos sobreactuar
confundiendo el papel que deben realizar las instituciones y la
sociedad civil. De este modo, se contribuye sin quererlo a reforzar la
estrategia de eta (a la que no nombraría nunca por su nombre en
mayúsculas, por cierto). Déjese de fabricar mociones, declaraciones y
manifestaciones que tienen el doble carácter de reafirmar nuestro
dolor y confirmar a los que lo producen que están consiguiendo los
efectos que se propusieron.
Aplíquense los acuerdos globales antiterroristas, cumplan las
instituciones sus obligaciones y foméntese el contacto con la sociedad
vasca para producir las condiciones políticas y sociales de la derrota
del terrorismo.
Los socialistas catalanes creemos que los nacionalistas vascos han de
cambiar de política y si no están dispuestos a hacerlo las elecciones
anticipadas son una ineludible exigencia democrática. Cuanto antes
mejor.
Pero creemos también que el Partido Popular no debería pretender
obtener rendimientos electorales de la situación tanto en el País
Vasco como, sobre todo, en el resto de España.
Defiendo pues la oportunidad de la propuesta federal a pesar de las
circunstancias. Hay que empezar a trabajar aunque el resultado sólo
se obtenga dentro de algunos años.
Mantener la propuesta federal es oportuno a pesar de las
circunstancias temporalmente adversas, que pueden aconsejar
modularla o precisamente por ellas, puesto que obligan a un mayor
esfuerzo de explicación, de diálogo y de búsqueda del interés común.
De un interés común que no está predeterminado para siempre,
como nos recordaba el llorado Ernest Lluch al advertir - en polémica
con la Real Academia de la Historia- que lo "permanente" e
"invariable" es ahistórico.
Y no ignoro las voces que en Cataluña consideran que "ya hemos
hecho tarde" (como decimos allí) y que, por consiguiente, el esfuerzo
de pedagogía y de diálogo es del todo inútil. No lo comparto, pero es
un aviso a tener en cuenta.
También creo que la mejor contribución desde Cataluña a la solución
de los problemas generales de la gobernabilidad de la España plural
es hoy una actitud moderada de mantenimiento de nuestras
posiciones federales y de explicación serena de porqué nos parece
que son las más apropiadas para la efectiva vigencia del espíritu de la
actual Constitución española y de nuestro Estatuto de Autonomía.
4

�Y, por lo tanto, de todos los demás Estatutos.
Es más: creo que esta actitud tendrá una utilidad diferida. La de
ayudar a promover un cambio en la cultura política y jurídica de
España que será imprescindible para resolver en el momento
oportuno -es decir una vez vencido el terrorismo- el conflicto vasco.
Un momento en el que necesitaremos pensar aquello que aún no
existe pero que puede existir y es mejor. Estoy convencido de ello.
Pienso que detrás de las dificultades que existen en el centro de
España para entender a las nacionalidades históricas y en particular
para entender la singularidad de Euskadi y encontrar el camino de la
paz, existe el temor de que Cataluña quiera lo mismo que Euskadi y
que esto haga imposible cuadrar las ecuaciones de la cohesión
española, tanto económica como culturalmente.
Que no abriguen estos temores. Cataluña quiere otra cosa. Quiere
contribuir, y de forma destacada, a la construcción de la España
plural. Y lo quiere así porqué es consciente de su peso y sobretodo
porqué es consciente de que difícilmente irá bien si no es dentro de
una España europea y fuerte y de que España no lo será si Cataluña
no se vuelca en ello.
¿En qué principios se basa la propuesta federal?
El federalismo se basa en los principios de unión y devolución. O, si lo
prefieren, de unión y proximidad.
Unión siempre que sea necesario; proximidad siempre que sea
posible.
Estos principios se derivan de los Tratados Europeos que hemos
ratificado. Son derecho positivo y vigente, aplicable por los jueces y
tribunales.
A esa conjunción de principios los Tratados la denominan
subsidiariedad.
La subsidiariedad recogida en los Tratados no equivale
necesariamente ni con exactitud a la proximidad del gobierno a la
sociedad o a los ciudadanos. Equivale a la preferencia por la
proximidad de la toma de decisiones en igualdad de condiciones de
eficacia, equidad y peligro de colusión.
La falta de eficacia, la falta de equidad o cohesión y el peligro de
colusión entre administración y particulares se constituyen en
excepciones a la regla de la proximidad establecida en el preámbulo
de los Tratados de la Unión.
5

�El principio de subsidiariedad ha tenido interpretaciones diversas a lo
largo de su vigencia en los Tratados. La doctrina de Birmingham,
adoptada bajo presidencia británica, es mucho más restrictiva que la
predominante en las culturas políticas alemana, italiana o de los
Países Bajos: limita la proximidad a un criterio de preferencia a favor
de los estados en todos aquellos temas que no hayan pasado a ser de
competencia comunitaria.
La conferencia Intergubernamental prevista para el año 2004 fijará
en definitiva el concepto relevante de subsidiariedad y el consiguiente
reparto de competencias, o mejor dicho, los criterios para la
atribución de competencias en circunstancias distintas y bajo culturas
políticas distintas, como son las que componen Europa.
Criterios comunes, culturas distintas: esta es la realidad europea que
se está imponiendo. Criterios comunes incluso en la adopción de las
fórmulas para excepcionar a las culturas más distintas o distantes de
la cultura política dominante, como ocurre con la unidad monetaria o
en diversos temas objeto de cooperación reforzada o parcial, no de
todos los países.
El federalismo, en la medida en que persigue la Unión de los pueblos
de Europa, como propone el preámbulo del Tratado, no es asimétrico
más que en la medida requerida para combinar esa diversidad con la
igualdad de derechos políticos. No trata de anular la diversidad sino
de reflejarla en un sistema común de derechos. "Asimetría" es un
concepto que pueden manejar con precisión los politólogos, pero que
los políticos no deberíamos utilizar más que con gran precaución.
El federalismo hace residir en la persona y en la sociedad, más que
en la nación, la fuente del derecho. En este sentido es "socialista"
(entre comillas) o societario. El jacobinismo centralista y el
independentismo, que hacen residir la fuente del derecho en el
Estado-nación 1 son en cambio, en este mismo sentido,
"nacionalistas".
El principio de confianza federal o lealtad constitucional (la
"Bundestrue" del federalismo alemán), tanto vertical (estadoautonomías) como horizontal (entre autonomías) es requisito
indispensable del buen funcionamiento de los Estados-nación
plurales.
Un socialista andaluz -Javier Torres Vela- ha precisado con acierto el
alcance del principio de confianza federal que "supone -dice- una
aceptación plena del pacto constitucional y de respeto de cada
instancia territorial a las competencias de los demás poderes
públicos"
6

�Quiero resaltar especialmente el valor de este principio en un
momento en que son cada vez más las voces - equivocadas a mi
modo de ver - que dudan que hoy fuera posible reeditar el pacto
constitucional tal como fue concebido en 1978.
No es lo mismo, evidentemente, el espíritu del 78 que el espíritu del
24 de febrero de 1981, cuando un conocido director de un medio de
comunicación de Madrid no veía otra alternativa que sacrificar el
Estado de las Autonomías para que pudiera pervivir el sistema
democrático. Pero hoy, con mayor perspectiva histórica,
comprendemos mejor lo que ha pasado y podemos empezar lo que
aquel espíritu de entonces nos pide que hagamos ahora para
profundizar en él y mantenerlo vivo.
Los pilares de la propuesta federal
El nuevo federalismo que proponemos es un federalismo desde abajo,
que reconoce y respeta la diferencia, que articula de maneras
diversas las realidades que son diversas.
Un federalismo que se basa en dos criterios: la igualación en servicios
y estándares de vida de los ciudadanos, es decir solidario con las
partes menos desarrolladas; pero, a la vez, un federalismo que no
confunde la solidaridad con la uniformidad y que es capaz de ofrecer,
como ha ofrecido, todas las posibilidades de desarrollo nacional,
político y cultural a viejas naciones como la catalana o la vasca y
todas las posibilidades de prosperar en el marco de su peculiaridad a
los archipiélagos y a determinadas regiones que se sienten también
nacionalidades.
Un federalismo que valora tanto la legitimidad histórica de los
pueblos de España y sus instituciones, como la legitimidad de
ejercicio de la que habla José Bono cuando explica el arraigo
creciente del sentimiento comunitario en Castilla La Mancha.
La propuesta federal que les propongo se fundamenta en cuatro
pilares básicos: el político, el fiscal, el cultural y el judicial.
Federalismo político
En el ámbito político la propuesta principal es reformar el Senado
para convertirlo en lo que proclama el artículo 69.1 de la
Constitución: la cámara de los territorios.
Se trata de adecuar el Senado a la estructura real de nuestro Estado
para que cumpla la función constitucional específica que tiene
asignada: llegar a ser el espacio institucional de participación de las
Comunidades Autónomas en el Estado.
7

�Lo cual requiere -por ejemplo- asegurar la participación con voz de
los presidentes autonómicos tanto en Pleno como en Comisión; la
elección de los senadores por los Parlamentos autonómicos; la
posibilidad de que los senadores elegidos sean alcaldes; la posibilidad
de que los Gobiernos autonómicos puedan incluir puntos de debate
en el orden del día...
El Senado ha de ser así el espacio institucional común del diálogo
multilateral entre el Gobierno español y las Comunidades Autónomas.
Pero también ha de ser la cámara de diálogo entre las Comunidades
Autónomas desde la que pueda ser abordada la cooperación entre
ellas.
Asimismo, el Senado ha de canalizar la participación de las
Comunidades en la Unión Europea.
Y ha de incorporar la realidad plurilingüística de España, de modo que
se convierta en normal y habitual el uso de las lenguas oficiales de
las Comunidades Autónomas. El voto contrario al que hemos asistido
esta semana negando la posibilidad de que el DNI y el pasaporte se
expresen en los dos idiomas, el propio y el común, indica una
resistencia a aceptar esta realidad.
Y ha de tener en algunas leyes funciones legislativas de primera
lectura (la reforma de los estatutos de Autonomía, las leyes del
artículo 150 de la Constitución, la ley del Fondo de Compensación
Interterritorial, los convenios y acuerdos de cooperación de las
Comunidades Autónomas y la ley orgánica prevista en el artículo
157.3 de la Constitución); y ha de ser el ámbito del primer debate de
las iniciativas legislativas de los Parlamentos autonómicos.
En el Senado ha de existir una comisión parlamentaria permanente
encargada del debate y del seguimiento de la financiación de las
organizaciones territoriales del Estado.
El Senado ha de crear una Oficina de asuntos económico-territoriales
que permita el acceso a toda la información sobre los flujos
económicos, elaborada a partir de una base territorial.
Y, finalmente, el Senado ha de seguir siendo una cámara de debate
político en tanto que cámara de las Cortes Generales. En donde el
Presidente del Gobierno, una vez obtenida la investidura y formado
Gobierno, debería comparecer para exponer y debatir su programa
relativo a la estructura territorial del Estado y sobre el pluralismo
cultural y lingüístico.
8

�En resumen, el Senado es una cámara de representación y de debate
político [Quisiera mencionar en este momento la magnífica
conferencia que Jesús Caldera pronunció en esta misma tribuna hace
dos meses sobre la representación política y el Parlamento.] y ha de
ser también la primera y principal voz en las cuestiones relativas al
Estado de las Autonomías. Aquella es la función genérica que
comparte con el Congreso y esta última constituye el objetivo
específico del Senado.
La reforma del Senado en el sentido que les he expuesto requiere de
una reforma muy concreta de la Constitución: la del artículo 69 del
Título III de la misma y de aquellos que sean concordantes o
complementarios, sin que tenga que modificarse el Título VIII. No
hemos de discutir el sistema autonómico, sino la organización del
Senado, en tanto que cámara de representación territorial y como
órgano integrante de las Cortes Generales.
De todos modos, más adelante me referiré a la cuestión de la reforma
constitucional.
Quisiera añadir, más allá de los criterios expuestos sobre la reforma
del Senado, una consideración sobre la oportunidad de integrar a los
municipios en la representación senatorial de cada una de las
autonomías, de tal modo que el conjunto de las instituciones
territoriales puedan tener una presencia equilibrada en el máximo
órgano legislativo del Estado.
Y no quisiera cerrar este capítulo dedicado a los aspectos
institucionales de la propuesta federal, sin mencionar un aspecto de
un alto contenido simbólico: la localización de instituciones del Estado
fuera de la capital de España.
Tenemos un tímido, pero positivo, ejemplo en la radicación en
Barcelona de la Escuela Judicial.
La lógica profunda de un Senado como cámara territorial conlleva la
posibilidad y la conveniencia de potenciar la presencia regular del
Senado en las Comunidades Autónomas, tanto desde el punto de
vista simbólico como desde la perspectiva de la localización
descentralizada de alguno de sus servicios. Hay que acercar las
instituciones representativas de la soberanía popular al pueblo del
que emanan, tanto por las vías que abren las nuevas TIC, como por
las vías tradicionales de las Cortes viajantes. Hay que terminar con el
absurdo de la identificación de lo nacional con un lugar, un acento o
un rincón del país.

9

�Federalismo fiscal
El federalismo fiscal constituye el segundo pilar de la propuesta
federal.
Proponemos afrontar la organización de la financiación territorial
desde cuatro grandes criterios.
El primero, igualar los resultados en gasto público por habitante de
las autonomías del régimen foral con las autonomías del régimen
común, en proporción a sus competencias y en un horizonte tan largo
como sea necesario (20 años, por ejemplo). Y que quede claro que
decimos los mismos resultados, no necesariamente el mismo
procedimiento.
El segundo criterio se refiere a la redistribución del gasto público
entre las tres administraciones públicas, de modo que la
Administración del Estado limite su participación -sin pensiones ni
amortizaciones de la deuda pública - al 40%, repartiéndose el 60%
restante a partes iguales entre autonomías y ayuntamientos. Es
imprescindible un planteamiento general que tenga una visión de
conjunto del papel y el peso de los tres niveles de gobierno (central,
autonómico y local).
El tercer criterio atañe al tratamiento de las áreas metropolitanas y
propone igualar la inversión del Estado por habitante entre las áreas
metropolitanas españolas de más de un millón de habitantes (hoy
Madrid, Barcelona y Valencia, mañana quizás Sevilla, Bilbao,
Zaragoza y Málaga)
El cuarto criterio define una regla básica de equidad fiscal territorial:
que las autonomías paguen en proporción a su riqueza y reciban en
proporción a su población. Es decir, pagar por renta y recibir por
población.
A estos cuatro criterios nuestros compañeros andaluces añaden un
quinto criterio: la concesión de un período de tiempo de
aproximadamente diez años para la recuperación de retrasos
estructurales históricos de algunas comunidades autónomas mediante
una financiación suplementaria.
Desde Cataluña nos parece que es un objetivo posible y deseable.
Tiene la virtud de insistir en la cohesión y la virtud adicional de limitar
el esfuerzo en el tiempo. Está en la línea de la reciente sentencia del
Tribunal Constitucional alemán sobre la cohesión entre los territorios
ricos y pobres de la República Federal y en la línea del Consejo
Europeo respecto de la cohesión entre estados.
10

�Seguramente podría extenderse esta temporalidad a la recuperación
de los retrasos relativos de algunas áreas metropolitanas respecto de
la de Madrid, tal como sucedió durante el período preolímpico, en el
que las inversiones de la Administración del Estado en el área de
Barcelona igualaron a penas las inversiones realizadas en el área de
Madrid. Después las inversiones se han desequilibrado. En parte por
la menor inversión del Estado y en parte también por las menores
inversiones de la Generalitat de Cataluña en comparación a las de la
Comunidad de Madrid.
Por otra parte, sería necesario admitir el argumento del actual
Gobierno de la Generalitat de Cataluña de que el cuarto criterio
(pagar por riqueza y recibir por población) tendría que modularse por
la mayor demanda de determinados servicios públicos (por ejemplo,
la Sanidad) a medida que aumenta la renta. (Aunque esto favorecería
también a la Comunidad de Madrid y no ayudaría a restablecer el
equilibrio, ni tampoco a cuadrar posibilidades financieras y gastos
efectivos).
Lo que ha de quedar claro es que los socialistas catalanes insistimos
en tres cosas.
Que lo importante no es discutir solamente qué impuestos concretos
y qué gastos concretos se redistribuyen. Lo importante es ponerse de
acuerdo en los objetivos que perseguimos todos juntos, objetivos
como los que nosotros proponemos en los cinco puntos, porqué si no
la discusión técnica sobre los impuestos no se acabará nunca y
desvirtuará el debate político de fondo. A todos nos interesan
planteamientos a medio y largo plazo que permitan dar estabilidad y
hacer factibles financieramente las medidas que se adopten.
Que el federalismo fiscal no es auténtico federalismo si no comporta
un cierto margen de libertad en el establecimiento de los tipos
impositivos, cosa que puede aligerar además los problemas derivados
de la mayor demanda de servicios de la población a medida que
aumenta la renta y que de paso garantiza la auténtica
corresponsabilidad fiscal de las autonomías, hoy ausente o muy
insuficiente.
Que la discusión sobre los objetivos del federalismo fiscal no se puede
ir retrasando hasta finales del año 2001, para entrar en vigor en el
2002, lo que supondría, contando con los plazos de entrada en vigor
efectivo del sistema, que no se aplicaría totalmente hasta la próxima
legislatura. Ello introduce un grado de incertidumbre política
inaceptable. Los socialistas catalanes exigimos que la discusión
comience ya, que participemos todos y que antes de finalizar el año
estén fijados unos objetivos estables para los próximos 10 o 15 años,
o más si es posible.
11

�En resumen: ofrecemos un cuadro estable de relaciones fiscales y
financieras de carácter federal, equitativo y duradero, con
corresponsabilidad y suficiencia, que pueda ayudar decisivamente a
eliminar los fantasmas del rencor y la desconfianza entre
comunidades.
Federalismo cultural
En el ámbito cultural y educativo es donde nos jugamos de verdad la
viabilidad de una España de todos. La educación es la fuente del
entendimiento, que es el cemento de la España plural, el único
cemento duradero.
Es un grave error considerar que la protección y la promoción de las
culturas y de las lenguas españolas no castellanas compete
exclusivamente a las instituciones catalanas, vascas y gallegas y que,
por consiguiente, la acción cultural y educativa del Estado debe
circunscribirse a la cultura española expresada en castellano.
Más allá de las definiciones competenciales existe un deber moral y
político del Estado de incorporar a su "corpus" simbólico todas las
culturas y todas las lenguas de España.
Por ello, los cuatro idiomas españoles -el castellano, el catalán, el
vasco y el gallego- han de ser protegidos por el Estado y estar
presentes en sellos, pasaportes y documentos de identidad, en las
emisiones del Euro, y en las instituciones culturales españolas de
todo tipo.
Del mismo modo, las autonomías con lengua propia distinta al
castellano deben -en reciprocidad- defender y proclamar el castellano
como una inmensa riqueza propia, cerrando el largo período histórico
de justificados resentimientos por la continuada persecución del
catalán, del euskera y del gallego y la imposición del castellano, que
ha durado más de dos siglos.
Es asimismo imprescindible que en todas las escuelas de España se
explique una historia que sea la historia común de los pueblos de
España. Ni la historia única de España, ni las diecisiete versiones
autonómicas de la misma.
Una historia común de un país formado por gentes de distinta
"nación", de cimientos diversos, pero que se respetan, debiera
permitirnos adoptar un punto de vista cada vez más común, no
ignorante de las diferencias pero sí consciente del terreno compartido
12

�Esto es federalismo: educación en la pluralidad, entendimiento entre
los pueblos de España de los que habla la Constitución. Unión y
libertad. No unión pero libertad; o libertad pero unión: libertad y
unión. Ser diferentes e ir juntos. Y por lo tanto ser iguales en el
destino, aunque diferentes en el origen.
Federalismo judicial
Y el cuarto pilar de la propuesta federal se refiere al ámbito de la
justicia.
En el campo judicial, los socialistas catalanes estamos por la
transferencia a los Tribunales Superiores de Justicia de las
competencias del Tribunal Supremo en materia de casación de
sentencias. Es uno de los aspectos de la necesaria reforma para
conseguir una justicia más ágil y próxima.
Entendemos que la casación en los Tribunales Superiores
autonómicos ha de tener una sola excepción: el recurso de unificación
de doctrina ante el Tribunal Supremo, al alcance de todos aquellos
ciudadanos que consideren que la jurisprudencia de uno o varios
Tribunales Superiores de otras Comunidades les es más favorable.
Con ello se garantiza la homogeneización en última instancia de la
jurisprudencia sin renunciar a la proximidad y diligencia de la justicia.
Si pensamos a escala europea, algún día llegará que el Tribunal de
Luxemburgo tenga que hacer esta clase de arbitraje entre ciudadanos
de los diferentes estados de la Unión Europea. Sin duda la Carta
Europea de Derechos del Ciudadano nos aproximará a él.
El decálogo federal
Hasta aquí el recorrido por los cuatro ámbitos en que se concretan las
propuestas del nuevo federalismo: el político, el fiscal, el cultural y el
judicial. A lo largo de este recorrido se han perfilado diez
proposiciones que constituyen una especie de decálogo federal.
1. Reformar el Senado para convertirlo en la cámara territorial.
2. Descentralizar las sedes de las Instituciones del Estado.
3. Igualar en 20 años los resultados del régimen foral con los del
régimen común.
4. Redistribuir el gasto público en la proporción 40-30-30.
5. Igualar la inversión del Estado por habitante en las áreas
metropolitanas.
6. Pagar por renta y recibir por población.
13

�7. Conceder un período de diez años a las Comunidades Autónomas
con atrasos estructurales.
8. Proteger e impulsar desde el Estado las cuatro lenguas españolas.
9. Enfocar la enseñanza de las Humanidades en torno a la historia
común de los pueblos de España.
10. Casar las sentencias en los Tribunales Superiores de Justicia
autonómicos con la excepción del recurso de unificación de doctrina.
¿Hay que reformar la Constitución?
¿Qué consecuencias constitucionales tienen las propuestas que les he
explicado? ¿Es necesaria la reforma de la Constitución? ¿Es oportuno
plantearlo?
Ante todo creo que hay que acabar con el tabú de la Constitución
intocable.
Ya les he avanzado mi convicción de que es necesario reformar la
Constitución para conseguir que el Senado se convierta plenamente
en la cámara de representación territorial para que, como tal, llegue
a ser el símbolo institucional del reconocimiento político de la
diversidad nacional, cultural y lingüística de España.
No tiene sentido alimentar temores ante el planteamiento de una
reforma constitucional precisa y concreta.
En el campo político y en el campo académico es reconocido el
carácter abierto de la Constitución, que es lo que ha permitido
precisamente la construcción del Estado autonómico.
Un sistema complejo -como el Estado de las Autonomías- que aspire
a mantenerse ha de ser abierto y adaptable.
El consenso de partida que hizo posible la Constitución de 1978 exige
su continuidad mediante un pacto constitucional permanente que
puede llevar a revisiones periódicas del texto constitucional. La
aprobación de los sucesivos Estatutos de Autonomía ha sido un
ejemplo de esta renovación continuada del pacto constitucional.
Están fuera de la realidad las propuestas de cerrar el modelo de
Estado y también los que consideran intocable la Constitución. Son
actitudes que esconden la defensa de una España que ya no existe.
No es lo mismo proponer el cierre del modelo, como hace el PP, que
querer dar nuevas perspectivas al Estado autonómico a partir de la
corrección de sus disfunciones y sus desequilibrios.
14

�Los socialistas catalanes queremos dotar de estabilidad y eficiencia al
modelo autonómico para que encuentre su punto de equilibrio, pero
no a costa de ignorar la realidad plural de España. Hemos aprendido
muy bien la lección de la LOAPA y por ese camino no nos
encontrarán.
En veinte años se han producido dos cambios sustanciales en la
configuración del Estado español como son: la generalización de las
autonomías y la plena incorporación de España a la Unión Europea.
Ambos cambios ulteriores a la Constitución de 1978, que, si bien
puede considerarse implícitamente federal, admite y necesitareformas para incorporar nuevos planteamientos, derivados
precisamente del desarrollo autonómico.
Hay suficientes razones, pues, para intentar un nuevo paso adelante
que implique la renovación del pacto constitucional.
Un nuevo pacto constitucional que se proponga completar el
desarrollo autonómico y corregir los desequilibrios y disfunciones, por
un lado, y avanzar en el reconocimiento de la realidad plurinacional
de España, por el otro.
Un nuevo pacto constitucional que ha de comportar cambios precisos
y acotados en la Constitución para reformar el Senado.
Concretamente y tal como les he avanzado antes: la reforma del
artículo 69 del Título III y de aquellos que sean concordantes o
complementarios.
Estoy convencido que también es necesaria la reforma constitucional
para reformar la Justicia, el verdadero agujero negro de nuestro
sistema democrático. Pero soy consciente que, hoy por hoy, es más
factible llegar al consenso sobre la reforma del Senado (empezando
por la asistencia de los presidentes y líderes autonómicos) que sobre
la reforma judicial.
Más allá de la reforma constitucional: la confianza federal
Con el mismo espíritu del pacto de renovación constitucional han de
resolverse los principales problemas pendientes de nuestro Estado
autonómico. Muchos de ellos los he ido identificando al desgranar las
propuestas del nuevo federalismo.
La financiación autonómica y local, la participación de las
comunidades autónomas en la formación de la voluntad estatal ante
la Unión Europea o la reforma de la Administración del Estado
derivada de la culminación de los traspasos de competencias a las
15

�Comunidades Autónomas son algunos de los problemas que
demandan cambios legislativos y decisiones políticas formales, pero
también precisan de acuerdos tácitos o pactos no escritos sobre el
modelo de relación entre el Estado central y las comunidades
autónomas, en la línea de lo que en los Estados federales
consolidados se denomina confianza federal.
Y, pensando en el futuro inmediato, hay que prever asimismo el
proceso de redistribución de poder y competencias entre las
comunidades autónomas y los municipios, de manera que el principio
de proximidad termine por ser el criterio rector de toda nuestra
organización institucional.
Pero, el nuevo pacto constitucional no puede limitarse a completar el
desarrollo autonómico y a corregir las disfunciones observadas.
Se ha de avanzar a la vez en el reconocimiento de la realidad
plurinacional de España.
Un ejemplo del alcance de este reconocimiento sería una decidida
política lingüística y cultural de Estado que facilitase y promoviese el
uso de todas las lenguas de España en las instituciones, los
documentos y los símbolos del Estado autonómico, tal como les he
explicado antes.
Sin el reconocimiento explícito de las diferencias -de lo que se ha
convenido en denominar "hechos diferenciales"- podríamos llegar a
perfeccionar el modelo de Estado y sus instituciones, pero
seguiríamos sin resolver el problema de la convivencia de las
Españas.
Además de un Estado más estable y eficiente, aspiramos -en palabras
de Isidre Molas- a una España cómoda para todos.
En 1978 la esencia del pacto constitucional consistió en que las
fuerzas políticas ampliamente mayoritarias de Cataluña y el País
Vasco renunciaron a ejercer el derecho de autodeterminación, a
cambio de conseguir un nivel de autonomía y de autogobierno a la
altura de lo que habían conseguido con los Estatutos de la Segunda
República.
Podría afirmarse que el sacrificio de la expresión de la diferencia y de
la pluralidad nacional de España ha sido el precio pagado desde
Cataluña y el País Vasco para hacer posible la construcción y la
consolidación de la democracia española.
Hoy, el núcleo del nuevo pacto constitucional tendría que consistir en
que las nacionalidades históricas -Cataluña, el País Vasco y Galicia16

�acepten la generalización autonómica, la igualdad competencial y el
equilibrio del modelo, a cambio de que las otras comunidades
reconozcan la diversidad plurinacional, pluricultural y plurilingüística
de España y, en consecuencia, las expresiones políticas de los hechos
diferenciales.
En definitiva, queremos abrir un diálogo sereno, desde la franqueza y
la confianza, para poder caminar todos los pueblos de España juntos
hacia el Estado federal y la España plural.
Los socialistas catalanes estamos convencidos de la necesidad de
este paso hacia delante. Nuestra apuesta de futuro es convertir esta
necesidad en posibilidad.
Muchas gracias.
Pasqual Maragall

17

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                  <text>Recull la documentació generada en relació a Pasqual Maragall en la seva activitat als partits i associacions d'àmbit polític: Front Obrer de Catalunya (FOC), Convergència Socialista de Catalunya (CSC), Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Ciutadans pel Canvi (CpC). </text>
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